Un lugar de muchas partes

Cuando leí por primera vez Corzo, el relato que Gonzalo Hidalgo Bayal incluye en su libro Conversación, no lo dudé: ese territorio, ese lugar, tan importante como el propio protagonista, pertecenecía Las Hurdes.

Tiempo después supe, por el propio Gonzalo, que esos barrancos, esos bosques, ese entorno eran el fruto de la recreación de ciertos parajes de la serranía onubense, que también son lugares que me pertenecen, porque me explican. Sin embargo, el mismo Hidalgo Bayal añadió a esa información incontrovertible que ese territorio, ese lugar, podrían corresponder a Las Hurdes, una comarca que conoce, que visita e incluso que disfruta.

Entonces comprendí que Las Hurdes son un lugar de cine, aunque hasta ahora, en el fondo y hasta el fondo, esa circunstancia solo lo haya explorado Luis Buñuel, más allá de cualquier controversia sobre las intenciones, los efectos e incluso el acierto del director aragonés o de su contribución a la leyenda negra de la comarca. Y solo entonces pensé que ese era un camino por explorar, una oportunidad que aprovechar, una riqueza que proteger no solo de los incendios que han mermado a Las Hurdes sino también de una idea chauvinista, pretenciosa y endogámica de una comarca mítica, universal.

 

Anímense.

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