Las Hurdes desde Buñuel. 4

Mesa redonda 4 

LAS HURDES, LUGAR Y SÍMBOLO

 

Participantes

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Fernando Rodríguez de la Flor[1], Juan Francisco Blanco[2] y Enrique Santos Unamuno[3].

 

Tema

Tras abordar las múltiples relaciones entre Buñuel, su documental y las Hurdes, se plantea un salto hacia el pasado y hacia el futuro en el territorio de lo imaginario y de sus vínculos con lo material. ¿Qué pueden aportar las ciencias humanas a la comprensión histórica de los espacios y lugares de cara a su gestión presente y venidera? ¿Cómo, desde cuándo y a través de qué hilos simbólicos se ha configurado la imagen de Las Hurdes? ¿Qué prácticas simbólicas y espaciales se deben privilegiar en el contexto actual? ¿Cuál es la importancia de la recuperación y reafirmación de las identidades en un territorio tan específico como Las Hurdes?

 

A continuación se reproducen algunos de los fragmentos más relevantes de la tercera redonda de las Jornadas Las Hurdes desde Buñuel.

 

Intervención de Fernando Rodríguez de la Flor

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“Querría tener un tipo de intervención que fuera clara y que sirviera, en algún sentido, para apoyar una línea de futuro, unas nuevas perspectivas que pueden ser creadas en torno al espacio y a su proyección como artefacto cultural. Pero en el proceso hacia esa claridad ustedes van a notar el conjunto de disidencias que tengo con respecto a algunas de las cosas que se han dicho aquí y también el conjunto de asentimientos que yo hago a muchas de las observaciones que he oído”.

“Los artefactos culturales tienen un problema y es que su genealogía, sus orígenes, tienden a complicarse con el paso de los años, no pueden permanecer idénticos a sí mismos. No es lícito explotar, una y otra vez, las mismas fuentes, porque esas fuentes se ciegan, se agotan, los tiempos cambian y hay que proyectar, hay que moverse hacia el futuro, al mismo tiempo que hay que ser críticos con el modo en que ha sido construido el relato que nos precede”.

“Cuando profundizamos en la geosimbólica de un espacio como este, cada vez que lo hagamos, estamos en cierto modo obligados a reinventar sus nuevos valores o a descubrir críticamente disidencias, puntos de falla en la estructura narratológica que la explique además, cómo ha sido elaborada esa mitología, ese constructo cultural al que aquí muchos de nosotros nos hemos referido y nos vamos a referir”.

“Pues bien, yo creo que es el momento de aprovechar la llamada de la organización de estas Jornadas para poner sobre la mesa de Las Hurdes algo que hasta el presente quizás todavía no ha sido dicho de ellas, aunque yo creo que es latente y ha estado manejándose”.

“Es posible que haya un argumento valedero para esta zona que todavía no se haya revelado de una manera –ya digo- clara, evidente, que sería el nuevo valor de la zona: ¿Cuál sería el nuevo valor de la zona? Será difícil que esto quede claro. Pero, desde mi punto de vista es una determinación secreta que habita la película de Luis Buñuel. Por dentro de la película de Luis Buñuel hay algo que se apunta como valor de futuro. Lo veremos ¿no?. Eso explicaría el interés súbito y algo extraño de Buñuel por la zona, con lo cual mi intervención, al final, enlazaría con la película que creo que es algo a lo que nos tenemos que someter, aunque con alguna dificultad porque he visto la exhibición de conocimiento en torno a este artefacto, que ha sido muy fuerte estos día. Y creo que la gente de esta mesa no estamos habituados a penetrar en los intríngulis, en la arquitectura total de ese artefacto al que llamamos Las Hurdes. Así que mi intervención está incluso fuera, alguna vez reflexionara sobre algo que está fuera de la película ¿no?, que atañe al autor. Y aquí quiero decir que las posiciones, la clase, la mirada de Buñuel actúa sobre el artefacto que se está construyendo naturalmente, y no se la puede dejar al margen”.

“En ese sentido, entonces, hay que empezar por decir que algo estaba en el aire del tiempo en que Buñuel construye, los años 30, este artefacto cultural, esta película. Más allá del aire reivindicativo y político que, evidentemente, tiene, hay otra dimensión en la misma, que es justamente de la que creo que hay que hablar aquí o, por lo menos, de la que yo debo hablar aquí. Es esa misma dimensión oculta o, al menos latente, la que determina un hecho que en verdad yo no he podido comprobar nunca, porque no sigo las bibliografías cinematográficas, pero que siempre he tomado como posible y que constituye una paradoja, a la que yo quisiera contribuir a disolver con esta intervención”.

“Buñuel realiza un film noir, un documental trágico, un relato patográfico. Es un documento, una terrorífica obra maestra sobre una especie de infierno social. Es un documento lívido y espectral que nos habla de un paradigma interpretativo desde el que mirar a España, no a Las Hurdes solamente…”.

“Recuerden la España, esa España fantasmal –y recuerden la obra de Michel Leiris, que supongo que era amigo de Buñuel, la África fantasmal, esa España africanizada. Podríamos decir y sugerirle también a Fermín Solís esa España zombi, esos jurdanos en ocasiones retratados con la tecnología de los muertos vivientes, de los que están muertos pero viven, no se sabe exactamente ¿no?”

“En cualquier caso, este modo de construir este artefacto incide en lo que Ortega y Gasset, que es un personaje al que hay que traer a cuenta aquí, sobre todo, por sus artículos sobre la construcción de la provincia, el modo de construir provincia en España, en donde están las claves del desastre jurdano, no en las grandes políticas sino en las pequeñas políticas. En las élites políticas que gobiernan las provincias, son esas las que están favoreciendo el abandono, las que están creando redes clientelares y zonas opacas en la vida española. Y Ortega lo denuncia. Ortega crea un gran texto sobre las provincias y sobre el desastre de la provincia española, ahora lo empezamos a ver con más claridad. Pero, en fin, en el año 1947 Ortega llama a este fenómeno la ‘tibetanización’ de España, España se tibetaniza, lo que quiere decir que empieza a construirse, y se ha construido desde muy antes por supuesto, un paradigma, un modelo de ver España alejada del paradigma democrático progresista seguido por Europa”.

“Buñuel estaría en este intento. Pero a continuación lo cierto es que Buñuel mismo -no es la única de las paradojas que voy a exponer-, quiso comprar una posesión en el fondo de estos valles, con lo cual se promueve también como un terrateniente aprovechándose de la desamortización eclesiástica. Esto es grave como lectura política. Hay en ello entonces algo paradójico que explicar: ¿Qué atractivo podrían tener esas Hurdes para que el parisino Buñuel comprara una zona de ellas, en aquello que Legendre habría llamado ‘prisión natural’ y hasta ‘valle de la muerte’. Y yo les diría algo más, algunas de esas imágenes, desde fuera de la lógica cinematográfica, me parece que están muy próximas al modo en que cuando penetran las cámaras en los campos de concentración se reúnen los espectros que han sobrevivido, se quedan como fascinados, no saben exactamente hacia donde moverse. En fin, tienen esa coreografía. Y aquí, de esta manera, creo que el artefacto se abre hacia el futuro. Habría otras maneras de abrir el artefacto, quiero decir la película. Me parece sorprendente que nadie haya señalado, por lo menos desde mi conocimiento, que hay una contestación cristiana a esta película: Marcelino, pan y vino, que también está grabada en zonas relativamente cercanas a estas, que trata el tema de los niños, de los ‘pilus’, de los abandonos. Pero le da una solución cristiana, ustedes me entienden ¿no?”.

“Yo leo el pasaje de las memorias del cineasta, cuando dice: “En 1936 estuve a punto de comprarlo todo por 150.000 pesetas, una ganga –aquí se expresa el señorito, me temo, 150.000 pesetas son muchas pesetas en el año 36–. Me había puesto de acuerdo con el propietario, era un acuerdo entre propietarios, íbamos ya a firmar, faltaban cuatro días para ultimar la operación, cuando estalló la Guerra Civil y se fue todo al traste. Luego añade: “Me hubieran fusilado”, en lo cual creo que tenía razón, sí, le hubieran fusilado, si lo hubiera llegado a comprar”.

“Esto se mire por donde se mire es una paradoja que resalta sobre el fondo de su biografía. ¿Por qué un intelectual que se viene de París, que es un cosmopolita, quiere comprar un espacio que es desertado, el desierto de Las Batuecas, el corazón del Tíbet español entonces? Trataré de encontrar una explicación elevada a esta posible paradoja que se establece en el propio corazón de la película, y de su making of diríamos. En la discusión podemos volver a este lugar, en razón justamente de algo que se evidencia, el espacio es valorado por sus deficiencias. Ya veremos qué deficiencias presentaba a los ojos de los intelectuales de la época un espacio de esta naturaleza”

“El infierno del aislamiento y de las rigurosas breñas que hay por aquí y se extendían por aquel entonces. Esa bruma que impedía ver el territorio –ese infierno de aislamiento- puede constituir un paraíso para cierto tipo de intelectual que, como veremos más adelante- fue el que abundó en los años 30. Este es el tipo de intelectual donde buscando aislamientos creativos, por decirlo así. Esta búsqueda eficaz del lugar opaco o del lugar invisible se convierte en una actitud exigente, casi en una necesidad de los creadores y de los artistas del momento. Bueno, hasta aquí esta reflexión”.

“Paro un momento para decir que en mis libros de hace ya cerca de veinte años, particularmente, en el libro De Las Hurdes a Las Batuecas, que versa sobre la construcción mítica y eclesiástica de una posible geografía paradisiaca de Las Hurdes, había un trasfondo que yo no llegué a desarrollar, pero que estaba latente en el libro. En efecto, el hecho histórico es el de Las Hurdes, entonces, como nuevo mundo, como un espacio, como un lugar único, un espacio diferencial, como ha dicho antes Paco Blanco, un espacio desconocido, un espacio no cartografiado”.

“Y este es el espacio que había atraído ya en el siglo XVI, de un modo muy significativo, a los hombres de la espiritualidad, digamos, a los intelectuales de la época, que naturalmente eran clérigos como ustedes se pueden imaginar. Espíritus que eran compañeros de Teresa de Jesús, en su revolución de filos vanguardistas respecto al nuevo papel de la Iglesia que debía ser otro que el de asentarse en los núcleos urbanos. Esto había encarnado una figura que a Buñuel le interesa mucho, que es la figura de los ermitaños, de los solitarios, los hombres de las fuertes ascesis que habían colonizado estas zonas y las zonas próximas, no piensen tanto en Las Hurdes, déjennos a los que vivimos en las otras laderas, en la Sierra de Francia, déjennos algo de respiración, porque allí ocurren fenómenos muy parecidos a estos, y en algún momento como ha explicado antes Antonio Franco, esos territorios estaban unidos. En las zonas próximas, en un inexpugnable valle que está aquí al lado llamado ‘de Belén’ se instalaron Los Basilios, en el siglo XIX”.

“El ensayo de San Pedro de Alcántara en el Monasterio de los Ángeles debe ser considerado también, forma parte de fundar lugares imposibles, en lugares secretos y oscuros de las geografías universales. Los franciscanos de Santa María de Gracia pretenden exactamente lo mismo, lo tienen ustedes al lado, está a veinte kilómetros de aquí. Los dominicos de La Casa Baja, incluso, si quieren; el Yuste jerónimo que había alojado a ese Príncipe intelectual que era Carlos I. Aquí la cuestión es por qué Carlos I, pudiendo habitar cualquiera de sus extensas posesiones en toda Europa, incluida Italia con lo bonita que es, se traslada a este lugar oscuro”.

“Esto era una construcción de imaginario, de verdad, muy fuerte. Pero yo me detuve también cuando revisé esto en la obra de Barrantes y Bide, la dejé al margen; dejé al margen esa mirada más antropológica, más crítica, más social, en definitiva, más política, y lo que trajo consigo la visita del monarca y toda esa preocupación político-nacional. Era la evidencia ante el mundo de que la construcción de este Estado nacional español, por llamarlo así, durante y después de la vivencia del Imperio, la construcción imperial tiene aquí mucho que ver. Y el hecho de que Buñuel se refiera continuamente a los pintores del Imperio tiene algo que ver y ha sido traído aquí, desde luego, en algunos críticos”.

“Esa vivencia del Imperio, esa construcción española estaba mal realizada en el interior de la dimensión peninsular. Y está proféticamente, podríamos decir que ello iba a forzar la necesidad de un gran baño de sangre, para recomponer las directrices profundamente injustas. Ya no habría posibilidad de…esto se deja latente en la película, esto está tan mal compuesto, que a ver cuando se pone la bomba –como decía Valle- Inclán- que destripe el terrón maldito de España”.

“Buñuel habría contribuido, pues, a la construcción de una mitología perversa, denunciando en última instancia, el mal encaje, el olvido al que una cruel madre España somete a sus hijos más necesitados, denunciando de paso los tensiones caciquiles y basadas en la pobreza que recorren toda la geografía injusta y la organización injusta del país. Para este pensamiento, España es un artefacto maldito. Y la prueba estaba en los horrores de Las Hurdes, consentidos por las plutocracias política, económica y también eclesiástica española. Ello encajó luego como un guante con el discurso victimista de los perdedores de la Guerra Civil. Ello, más o menos, es lo que se ha venido manteniendo con el tiempo. Y al final forma parte, para los extranjeros ha formado parte durante cuarenta o cincuenta años –por eso no es muy justo decir que la película no ha perjudicado-, esto es parte de la imagen que los extranjeros han tenido de nuestro país durante cuarenta o cincuenta años, los cuarenta o cincuenta años del Franquismo. Hasta que Almodóvar ha logrado deshacerla un poquito, pero el modo de vernos los intelectuales de Columbia, pues naturalmente era a través de esas señoras con sus lazos negros, las viudas, las ceremonias laicas inexplicables, la ‘africanización’, que este es un tema esencial. Ya el doctor Marañón decía que, en realidad, toda España es ‘hurdesca’”.

“Se construyó así una teoría de la ‘fracasología’, no solamente española, sino el mundo hispano es un mundo fracasado, políticamente fracasado. Es un monstruo, es una aborto de la construcción democrático-progresista y democrático-social europea, es un aborto. Y es un aborto que se repite al otro lado del Atlántico. Ahora vemos cómo la construcción de los mundos culturales latinoamericanos se hace en base a la pobreza, a la carencia, al asesinato, a la muerte. Pero nunca se da ningún tipo de imágenes que puedan ser constructivas, amables, etc. Se construyen sobre estas imágenes”.

“La observación de Marañón es también oportuna aquí y era un tema español de entonces. España era de los altos y tristes destinos. Este es el sumidero, la ‘borgia’ como decía Dante, el culo del mundo progresista, progresado, ahí lo tenéis, ahí se desembarazan todas las fuerzas últimas”.

“Esta película actúa sobre el complejo de inferioridad español, que es un complejo del que hay que hablar alguna vez, hay que ponerlo de relieve porque nos ha caracterizado tantos años, que es imposible sacudírselo. Y aún ahora se ve cómo estamos en riesgo de volver a caer en esa inferioridad, en ese complejo de inferioridad. En ese no presentarse ante los hombres altos del Norte, porque ellos hablan más idiomas que nosotros, siempre tienen más, siempre han tenido más, esta es la cuestión”.

“Este complejo de inferioridad actuó sobre la vida franquista y la vida franquista es la vida de todos nosotros, de algunos de nosotros quiero decir. Esa es la línea intelectual crítica que sigue, por ejemplo, un novelista al que hay que atender –bueno, nosotros le atendemos mucho, naturalmente-, que se llama Luis Martín Santos. Tiempo de silencio es la mejor obra, la obra más compleja de la narrativa española en los años 60-70. Y hay unos párrafos que son ilustrativos, que casi coinciden con el espíritu de Las Hurdes.

“Luis Martín Santos dice: “Pueblo pobre, pueblo pobre, sois unos comedores de patata y como tales seréis observados con repugnancia piadosa por los hombres altos del Norte”. Esos sí tiene otros alimentos, tienen otras vidas, etc, etc. Incluso, esto ha servido también para una operación muy compleja que no tengo tiempo de desentrañar aquí, ni tampoco la conozco en sus detalles últimos, pero que llamaríamos una remisión al pasado imperial y de lectura de la clave de por qué fuimos un Imperio y ahora hemos devenido en estos pueblos atrasados, caídos, por qué esta evidente degradación, incluso en los fisiológico. Por qué los enanos, por qué los cretinos, por qué esta abundancia de esto en este país. Pues, bueno, el Imperio tiene la culpa. El Imperio habría hecho caer sobre las espaldas de las clases desheredadas castellanas y periféricas del oeste toda su pesadumbre, la pesadumbre del Imperio. Y estas se habrían visto empobrecidas por el gigantesco esfuerzo y por la presencia en ellas de una fortísima coerción inquisitorial”.

“Este modo de leer la Historia de España se está llevando ahora mismo en Cataluña. La última exposición en Cataluña sobre estos asuntos se llama “Desbarroquizar España”. Hay que desbarroquizar España, porque España está barroquizada. Entre tanto, otro tipo de contestación surge desde el propio país. Es la interpretación que los sociólogos llaman ‘Emic’, aquella que los propios protagonistas de su historia instrumentan. Esta se produce un poco tardíamente, pero estalla en algún momento. Se le acusa a Buñuel de haber exagerado la miseria y amargura que contenían Las Hurdes en unas imágenes horrendas. Pero si Las Hurdes es una metáfora de España, como creo que se dijo el otro día, es una suerte de testigo negro del tiempo español, hay que decir que no toda España, después de todo. Aquí de nuevo se introducen diferencias. Ver el artefacto español es ver la complejidad mostrada de una manera evidente mostrada en cualquier espacio en que uno descienda. Se sobreentiende que solamente es el oeste el que está particularmente contaminado por ese pasado regresivo, frente al este que es progresista”.

“En el film de Luis Buñuel, si ustedes lo han observado, la zona negra que se extiende por Portugal evidencia que ese es el espacio enteramente en poder del fascismo, salazarista entonces, a lo que Las Hurdes está muy próximo, formando eso, el agujero, el desemboque negro de Europa, el inconsciente insondable de un país mal articulado que creo que eso es, en definitiva, lo que aborda Buñuel, en cuyo centro mismo –y por eso en el año 1936 la lectura de Salamanca era muy conveniente, yo creo que los europeos a la altura del años 33 se habían olvidado por completo, afortunadamente, de lo que significaba Salamanca como ciudad de saberes, que era nada ¿no?”.

“Pero en el año 1936 esa referencia al mapa se activa de repente. ¿Por qué se activa? Pues porque Franco –oh, caprichos del destino- va y monta su cuartel general en Salamanca, es decir, muy cerca de Las Hurdes, muy cerca de ese lugar negro y oscuro”.

“Bueno, yo creo que no se trata tanto de ahondar en las heridas y en el desvalor acumulado históricamente por esta zona. Tampoco hay que venir a insistir demasiado en las mitologías de base que permitieron ya desde el siglo XVI la idea de un mito de Las Batuecas. Tampoco, desde mi perspectiva, se trata de alentar un resurgimiento folclórico, turístico, etc. Quizá no estamos exactamente para esto. Hay sus cauces y se debe hacer –yo lo creo- pero hay también que pensar un poco por encima de eso. Esto de la cultura popular como panacea para los espacios rurales, deja los espacios también en una situación de inferioridad. Hay que tener cuidado, no hay que sobrepasar el tipismo, sobrepasar el folclore porque desde los ámbitos y desde los laboratorios de modernidad el folclore se desprecia y la cultura popular no significa prácticamente nada más que una tarde de diversión cuando vengas por aquí a pasear los domingos. No, no es relevante y hay que tener cuidado en esto”.

“Hay que desechar también, me parece, esa última versión, que a veces asoma, respecto a unas Hurdes misteriosa, legendaria, brujeril. Tierra de asesinatos y de misterios, como sucede en la novela de Dan Brown. Ya Barrow decía “no hay una cordillera como esta en España, tiene sus misterios, caballero”. Yo creo que de ahí una larga serie de intelectuales, creadores habían cogido esta idea de que esta es una tierra misteriosa. Creo que hay que tener cuidado también con eso, no pasarse, no instrumentar tampoco esa medida”.

“Hay que hablar de otras posibilidades que podría tener esta zona. Al menos, me gustaría hacerlo, aunque no lo tengo muy articulado. Hay que buscar armas para la región. ¿Cómo buscarlas? Bueno, yo creo que quizá por lo que he dicho antes, por aquello que se ha desvalorizado tradicionalmente, que –he aquí cosas del progreso- puede ser imantado en estos momentos. Por ejemplo, la idea de desierto, la idea de alejamiento de los centros urbanos, la idea de lock out informacional. A mi me encanta que disfuncione el ordenador, es perfecto, porque significa qué problema tengo yo de estar comunicado, de estar informado; ninguno. Pero cuando vengo aquí, a lo mejor, querría no estarlo, querría no tenerlo. Otras cosas les parecerán más cursis y sofisticadas, pero la soledad contemplativa, el silencio, gran palabra que últimamente cobra fuerza en la cultura postmoderna. Es decir, todo aquello que ha sido considerado déficit, todo aquello contra lo cual se ha luchado para homogeneizar, para crear la sensación de que este es ‘el mismo lugar’ que todo lugar de España. Creo que hay que actuar en contra de esa idea. Este es un lugar diferente, este es un lugar especial, ya veremos en su momento por qué”.

“Realmente las mitologías se han disuelto en el aire, solamente sirven para entretenernos un poco a los profesores de Literatura. Las cuestiones político-sociales de ese tiempo, bueno, se puede seguir ahondando arqueológicamente en ellas, es decir, los historiadores pueden seguir dando muchos ejemplos, pero no son nada para nosotros. El pasado no es nada para nosotros. La condición de la cultura postmoderna es que realmente el pasado no nos constituye”.

“Yo creo que Legendre tenía razón cuando, en el año 1944, decía: “Dentro de algunos años el cuadro que he descrito representando la dolorosa situación de Las Hurdes no tendrá ya realidad alguna. La visión trágico-victimista hace singular daño en la región. Y yo lo sé, ha dejado un resquemor en los habitantes que podemos fechar –por mi experiencia, yo lo fecho en el año 2000- cuando Buñuel fue declarado persona non grata, él que quiso invertir 150.000 pesetas, el primer inversor de la zona… ¡habría que hacerlo un monumento!”.

“En ese año, me parece que se manifestó un rencor muy acendrado por el padecimiento sufrido, por la desatención no merecida y un rencor por la crudeza sin misericordia. Tampoco me quiero meter en el análisis de películas, pero me parece que la mostración del ‘otro’ está hecha mediante una barrera y está hecha mediante mediadores. Esa idea de que el ‘otro’ contamina es profundamente injusta y es una mirada de clase que creo que Buñuel tenía inevitablemente sobre lo que estaba haciendo. Y vino aquí con una mirada de clase y lo he visto de una manera clara cuando he visto los descartes y he visto que sus compañeros, en realidad, vestían igual que los camareros del Rey. Venían con la misma pretensión. Es una mirada de clase. La pistola, el revólver que dice él, es una mirada de clase, es un arma de clase. Quién en Las Hurdes, en 1933, se podía permitir un revólver. El lobero que ha mostrado la directora de la Filmoteca de Castilla y León, Maite Conesa, es lobero de trampas. No se tenían armas, y él viene con un revólver. El revólver es el arma del ‘señorito’. Ya se lo dijo a Alberti, una vez Miguel Hernández, cuando le vio por una calle de Madrid con un revólver precioso. Le dijo ‘esta es un arma de señorito, los obreros y luchadores empleamos otras armas’…”.

“Las Hurdes no es de ninguna manera ese tumor enquistado en el cuerpo nacional, como decía todavía Luis María Anson. Es ahora mismo un lugar excepcional, un sitio privilegiado para sobre esa base, ese légamo histórico, construir otros relatos que habrá que encontrar, para someterlas a una relativización más exigente. Es decir, si Buñuel logró esta proyección de Las Hurdes pensando en la recepción. Aquí se han mostrado distintos documentos y se han querido igualar. Pero el problema de la película es que tiene una recepción completamente diferente al resto de los documentos. Los documentos están hechos para consumo interior de la región en muchísimos casos, incluso en los libros mejores. Pero el documento de Buñuel está hecho desde el primer momento para la mirada exterior. Y ya luego desde el año 1936 totalmente para la mirada exterior. Nos da un poco de apuro ver a las conservadoras de los cinematógrafos pidiendo a los alemanes, pidiendo a los rusos, a no sé quién. Era nuestro patrimonio ¡Dios mío!. Los españoles hemos practicado mucho esa mirada respecto a nuestra propias cosas, hemos degradado nuestra realidad y la hemos mostrado a un mundo que le convenía verla así”.

“Esto es interesante de comprobar, porque El Quijote tiene el mismo problema y tiene el mismo problema la obra De Las Casas. Y tiene el mismo problema Góngora, descartando la navegación como un procedimiento inmoral de conquista, en un país que era una talasocracia, un país dedicado al agua y al mar. Nuestro intelectuales han construido miradas muy eficaces para que nos miren, pero no han sido -en muchas ocasiones- justos con esto”.

“La idea que tengo sobre la película y sobre la actitud de Luis Buñuel es que él ama y, de alguna manera, localiza este espacio como un lugar de anexión y un lugar de desarrollo de vida íntima, de vida creativa, porque si no por qué iba a querer comprar el edificio (Monasterio de Las Batuecas)”.

“Aquellas montañas desheredadas me conquistaron para siempre”. Yo creo que un texto de Unamuno revela esto de una manera muy clara. Dice Unamuno: “Llevamos en el fondo del alma, en la retina espiritual, la visión de una de aquellas chozas de La Segur. Pero guardamos también el recuerdo del aire de libertad que se respiraba en las cumbres y de aquella majestad en la indigencia laboriosa de sus habitantes. Es mucho peor –dice Unamuno- cómo viven los obreros en los arrabales de las ciudades y las villas”.

“Vamos a ver unas imágenes que les convencerán de aquello que les dice. Es un objetivo de los intelectuales de la época buscar las soledades y los sitios, vamos a decirlo de una manera actual porque ahora mismo se está celebrando en Salamanca una reunión, de nuevo de nórdicos, de gente de más allá de los Pirineos, que le llaman “Mundo salvaje”; la pretensión es que –dicen ellos, tenemos que salvajizar el mundo, lo hemos asfaltado, ahora hay que volverlo salvaje otra vez, hay que reinventar los lobos, los osos, todas estas cosas. Bueno, esta es la cabaña de Bik Stein, ahí arriba, había que ir prácticamente a nado para conseguirla en el último de los fiordos de Noruega. Esa es la cabaña de Toureau, yo aconsejaría a los que busquen argumentos encontrar a Toureau y encontrar que es una lectura hoy de nuestros días. Y encontrar el Balden, la utopía intelectual de vida en las comunidades cercanas a los campesinos, todavía incontaminadas. Las Hurdes es un ‘balden’ –no lo digo a humo de pajas- lo digo porque aquí ya hay intelectuales que empiezan a implantarse en la zona. Todos los veranos viene Isidoro Valcárcel que es el number one de los artistas conceptuales a vivir la experiencia de un lugar donde se funde el wifi, donde hay que esperar un semáforo para entrar en una carretera ¡eso es precioso! Pero ¿cuándo sucede eso en las autovías españolas?”.

“Estas son las ‘casas de escritura’ de los intelectuales de la época. Esa es la de Mark Twain, la de Streinberg, la de Heidegger. La clave, en realidad, de esta conversión de la intelectualidad europea a la idea de que hay que habitar las soledades creativas, las soledades fecundas como decían los pobres ermitaños, la clave está en Heidegger. Ustedes saben que Heidegger fue propuesto para un cargo importante en la Universidad de Friburgo. Él abandona este cargo y se encierra para escribir en esa cabaña de la Selva Negra, donde escribe un texto fantástico que se llama Por qué nos quedamos en la provincia”, para él la provincia tiene un sentido de lugar ampliado, lugar anti urbano por naturaleza. Esta es la diferencia que creo que Las Hurdes tienen que explotar”.

“Permítanme que les lea el pasaje de Heidegger –es el pensador de nuestro tiempo, el pensador que arquitectura todo el eje central de la construcción teorética del mundo en el siglo XX y en el siglo XXI, cuando dice: “Todo mi trabajo es sostenido y conducido por el mundo de las montañas y por sus campesinos”. No hay que olvidarse de los campesinos, Buñuel no se olvidó de ellos, porque los campesinos de Las Hurdes son hombres esenciales y la cercanía de los hombres esenciales es esencial para la construcción de un sentido de la vida. “Tan pronto regreso arriba –dice Heidegger- se agolpa ya en las primeras horas de existencia en el refugio todo el mundo de las antiguas cuestiones y, además, con el mismo cuño que las dejé. A los hombres de ciudad les extraña a menudo este largo y monótono estar solo de los campesinos en medio de las montañas. Pero esto no es ningún estar solo. Esto es estar en soledad”.

“Finalmente les quiero mostrar el mapa de la distribución de las cabañas intelectuales, desde principios de siglo hasta finales de siglo. Todos los intelectuales europeos que han significado algo se han instalado en esos lugares, en esos puntos esenciales. Propondría a Las Hurdes también como un lugar al cual desgraciadamente Buñuel no tuvo acceso por aquella circunstancia un poco banal de que estallara la Guerra Civil. Pero si no se hubiera implantado en el desierto de Las Batuecas, hubiera vivido como un ermitaño y ahora podríamos cubrir ese vacío horroroso que hay en España. España es un lugar maravilloso también para que no solamente los hurdanos, no solamente los críticos, no solamente los cineastas, vivan, sino también que una cierta clase de creadores estimule el desarrollo de los espacios en los que vivimos”.

 

Intervención de Juan Francisco Blanco

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“Hace ahora treinta y cinco años, en un otoño como éste (o tal vez menos bonancible), llegué por primera vez a Las Hurdes y directamente a este pueblo de Las Mestas, formando parte de un voluntariado de la Universidad de Salamanca que se empeñaba en la dinamización cultural de esta tierra. Traía por entonces algo de lo poco que podía aportar al proyecto: la música tradicional”.

“Este fue mi descubrimiento de Las Hurdes presencial (¿o no se dice ahora así en esa jerga que contrapone lo epidérmico a lo virtual?). Pues, en efecto, este fue mi contacto epidérmico con Las Hurdes, que yo había imaginado en esa conexión múltiple con los espectadores de la película de Buñuel, como una tierra de solo sombras”.

“Cinco años más tarde, en 1982, inicié una serie de cursos para profesores de español, extranjeros todos, que venían en verano a Salamanca para perfeccionarse y actualizar sus conocimientos de la lengua y de los recursos de la cultura aplicados a la enseñanza del español. Eran cursos específicos sobre cultura popular de tradición oral”.

“Pues bien, durante quince años impartí estos cursos en los estíos salmantinos, utilizando como punto de referencia Las Hurdes. Tierra sin pan. Su proyección en la presentación del curso provocaba tal impacto en el espectador que lograba ponérmelo en suerte, pues su expectación aumentaba con aquellas imágenes”.

“Tenía, por supuesto, que invertir un tiempo en desentrañar aquella sucesión de planos para dejar claro que Buñuel, a mi modo de entender, no había querido hacer un documental etnográfico de las Hurdes, como tantas veces se ha dicho, sino más bien seguir en su empeño surrealista de Un perro andaluz. Es decir, que empleaba el hiperrealismo real de esta región de Las Hurdes para lograr el impacto visual en el espectador, con el uso y abuso de imágenes desagradables. Con ello, y seguramente sin pretenderlo, consiguió construir un estereotipo negativo que entraría en un encadenamiento de malentendidos que ha arrastrado hasta hoy una imposible percepción transparente y nítida de lo que son Las Hurdes, los verdaderos perfiles de sus identidades”.

“Pero, más allá de adquirir una alteridad surrealista, mi intención en el uso de las imágenes de Buñuel era constatar los múltiples hilos que la película tendía para alcanzar los ovillos de algunos asuntos clave en las identidades populares del medio rural, de su cultura de tradición secular, de su perfil etnográfico:

  • El habitat y, en particular, la arquitectura: el revestimiento exterior de las techumbres con pizarra que (y así lo dice literalmente) “recuerdan el caparazón de un animal fabuloso”, por ejemplo.
  • Los recursos de una economía de subsistencia prototípica como vemos con el cerdo que recorre las calles o las recolecciones precipitadas y dañinas que narra.
  • La emigración a tiempo parcial de los temporeros, a la búsqueda de recursos complementarios extramuros de la región.
  • La práctica del autoabastecimiento que exige formas de cultivo, como los bancales arrimados a los meandros o la explotación reducida de una minúscula cabaña caprina.
  • La cultura de la muerte, uno de los pilares de la cultura española, tan presente a lo largo de la película: desde el calavernario de La Alberca, la muerte de la cabra precipitada al vacío (aunque el humo que muestra el plano delata la auténtica naturaleza de esa muerte) o del asno aguijoneado por las abejas, o la muerte del niño, su velatorio y traslado al cementerio o esa moza de ánimas, convertida hoy en un fósil cultural, pero que a comienzos del siglo XX fue práctica en otras regiones, arrastrando ese culto a las ánimas tan arraigado en la cultura española y que fue escarbado, que no encendido, en el brasero del Concilio de Trento.
  • La literatura oral en su morfología del canto popular, aunque sea a través de la negación explícita que la película realiza, cuando dice: “Un detalle curioso: nunca hemos escuchado una canción en los pueblos de Las Hurdes”. Esta frase tan contundente parece que induce a pensar en la inexistencia de un cancionero popular de las Hurdes, con sus romances y su arsenal de cantos de trabajo, de ronda, de fiesta, de boda, y tantos otros como conserva cualquier rincón de España, por mucha pobreza que haya arrastrado… Y sin embargo no es así. Cualquiera de los tamborileros jurdanos, auténticos maestros de ceremonias de las celebraciones familiares y sociales de esta tierra, se llevaría las manos a la cabeza ante semejante afirmación. No digamos gentes de la investigación rigurosa, como Bonifacio Gil, Manuel García Matos, Ángela Capdevielle, José María Domínguez Moreno o Félix Barroso, entre muchos otros, buceadores todos de un cancionero y romancero generosísimo de las Hurdes, que desmontarían en un pis pas, y de manera documentada, esa afirmación contundente, pero a todas luces indocumentada, de Buñuel. La locución deja oír esa frase precisamente sobre imágenes de La Aceitunilla, donde Elena Caro Sánchez recopiló una parte de su acervo romancístico.
  • La espiritualidad popular, en la que confluyen la religión, que aquí se materializa en el santuario de la Peña de Francia, con la enorme devoción a la virgen morena, y el monasterio de las Batuecas, en contraposición a la superstición y las creencias mágicas que se insinúan cuando se nos muestra ese niño pequeño con su arsenal de amuletos protectores: la higa, la media luna, la castaña de indias… Una espiritualidad tradicional ecléctica y fascinante.
  • Las fiestas que se muestran en los primeros planos y que recogen la celebración en La Alberca del “Día del Trago”, que tiene lugar en la octava del lunes de Pascua. Los llamados escancianos, que son los hombres que se han casado en el último año, reparten vino entre los asistentes, aunque ya no participan de uno de los ritos de la iniciación masculina más sólidos de nuestra cultura, como son las corridas de gallos y todo su complejo simbolismo”.

“Y aún podría seguir señalando algunas sugerencias más que arrancan de la película, por más que el autor se empeñó en su enfoque “feísta”, como decía antes, por pura pretensión estética”.

“Por consiguiente, la película de Buñuel, a mi modo de entender sirve para hilvanar una aproximación a las identidades populares, cada vez más reconocidas, a mi modo de ver, y también más valoradas por quienes persiguen esencialmente la singularidad de un territorio para visitarlo y enriquecerse en ella. Si analizamos los medios de comunicación locales y provinciales, observamos que el espacio de se dedica a las identidades locales de las poblaciones, sobre todo a las fiestas y otras celebraciones peculiares, ha aumentado en los últimos años. Las tradiciones populares tienen asegurado un público lector fiel que delata un interés creciente por todo esto”.

“No soy defensor del turismo aplicado de manera salvaje al patrimonio etnográfico, en el cual hay que desenredar todos estos asuntos que acabo de esbozar y aún muchos más. Seguramente eso del desarrollo sostenible debe pasar por un turismo sensato y respetuoso hacia ese patrimonio, pero reconozco, en todo caso, que el turismo es una de las vías de supervivencia del medio rural, como lo es también la elaboración de productos autóctonos, como sugiere, por ejemplo, la película de Buñuel, cuando habla de la apicultura en estas tierras o una hostelería basada en lo propio (y estoy pensando en el cabrito o las especies piscícolas de los ríos jurdanos)”.

“El turismo rural busca este tipo de recursos: las fiestas, una arquitectura tradicional respetuosa y honesta, una gastronomía autóctona, una artesanía digna, unos productos realmente propios del lugar, unas infraestructuras museísticas e interpretativas sensatas del entorno y su cultura; en fin, todo tipo de conexiones auténticas con un lugar o comarca con identidad propia. Si se siente defraudado, no sólo no volverá, sino que servirá de caja de resonancia negativa”.

“Los períodos de crisis económica tambalean también la estabilidad de los grupos. Como los vendavales arrancan de cuajo los árboles con poca raíz, parece que los ciclones críticos tienden a arrasar las señas de identidad de un grupo. Tal vez, por esta razón sea éste es un tiempo de necesidad de arraigo, de aferrarse a la tierra; de búsqueda y consolidación de las identidades, un concepto, por cierto, desgraciadamente extrañado de sus acepciones académicas (Aquellas de ‘Conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás’ y ‘Conciencia que una persona tiene de ser ella misma y distinta a las demás’) y escorado hacia lo ideológico y lo político, más que hacia lo estrictamente cultural. Y apunto aquí que no deja de ser llamativo que la terminología empleada para referirse al patrimonio cultural del pueblo, transmitido por vía oral, haya sufrido históricamente este tipo de contaminaciones, como ocurrió, por ejemplo con la palabra folklore que nació queriendo referirse al patrimonio cultural del pueblo en su conjunto y terminó, al menos en España, desgastado y devaluado hasta un punto que podemos fácilmente imaginar si pensamos en su significado dentro de un contexto como: “¡Vaya folklore que se armó!”.

“Pues bien, en esa búsqueda y consolidación de identidades, se producen elaboraciones artificiales sin fundamento. He sido testigo de cómo en algunas localidades se ha intentado levantar una estructura arquitectónica de trampantojos, queriendo crear la ilusión óptica, de cara al turismo, de una tradición recuperada. Pero la identidad no admite artificio y lo que no surge de la autenticidad, de la verdad está condenado al fracaso, pues no cuenta con la aportación esencial de unos recursos humanos que llevan dentro de sí, aunque sea al ralentí, el motor que ha de mover todas estas iniciativas”.

“Las Hurdes, sin embargo, no tienen que inventar nada, no tiene que recurrir al artificio para elaborar una ristra de claves identitarias, algunas de las cuales Buñuel ya iconiza en su película y que, si bien pudieron ser utilizadas con fines surrealistas, pueden ser vueltas del revés y aplicadas en sentido positivo”.

“Personalmente creo en Las Hurdes y en su potencial. Y creo también que es mejor darle la vuelta a la tortilla en la apreciación hacia la película de Buñuel y aprovechar su enorme proyección para hacer que la curiosidad traiga aquí a quienes, en primera instancia, busquen una respuesta a la intriga que con seguridad la imágenes le han provocado. Hay que rentabilizar, por consiguiente y aunque sea 80 años después, una película que, se quiera o no, es ya un icono de las Hurdes”.

 

Intervención de Enrique Santos Unamuno

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“Estructuraré mi intervención en tres ejes. Yo me ocupo de la conformación simbólica de territorios. (No necesariamente de estados nacionales). Me interesan tres cuestiones fundamentalmente. Una es la confluencia en los estudios humanísticos con la geografía en los últimos años, y aquí no voy a decir prácticamente nada. Otra es la cuestión de los mapas, el giro cartográfico y las humanidades digitales. A mi sí me interesan los mapas, sí me interesan los ordenadores y sí me gusta que la wifi funcione. Si no quiero utilizarla, no la utilizo, si no quiero responder, no respondo, pero creo que en el mundo de hoy ese tipo de aislamientos puede ser peligroso. Y, finalmente, que es en lo que me voy a centrar más, porque no hay tiempo, me centraré en cómo este tipo de tecnologías, métodos propios de las ciencias humanas, pueden confluir en un enfoque geosimbólico de Las Hurdes. Cómo pueden ayudar, incluso a posteriori, en la aplicación, por ejemplo, con personas como pueden ser antropólogos, como pueden ser especialistas en marcas –como veremos esta tarde-, qué podemos aportar los que nos dedicamos a las ciencias humanas”.

“Respecto a la cuestión primaria, ahí tienen una línea de tiempo complicada. No sé si conocen un libro de Alberto Manguel y Gianni Guadalupi que se llama Breve guía. Diccionario de lugares imaginarios. Bien, pues a mi me sorprendió que Las Hurdes no estuviera, porque ahí están Sangri-La que es un valle paradisíaco con muchas relaciones con Las Hurdes o está El Valle Redondo, que es un valle indómito y salvaje de los ciclos galeses medievales”.

“Me interesa un concepto especialmente ligado a Edward Said, que es un poco el padre del postcolonialismo –yo creo que una aplicación del post colonialismo dentro de Europa sería muy útil, hay gente que lo está haciendo ya. Y, desde luego, dentro del Estado español es flagrante–. Para él es fundamental la idea de que esa geografía imaginaria, nuestros imaginarios territoriales, están trufados de textos, están construidos por los textos, incluso cuando tenemos acceso a esos territorios reales. Por supuesto, los que no lo tienen, exclusivamente tienen el acceso. Yo he vivido quince años en Italia y he tenido que oír muchas veces cuál es la imagen de España que tienen diferentes personas, incluidas especialistas en cine, por ejemplo, que te hablaban de Las Hurdes de Buñuel y yo decía, ¡Dios mío, nunca estudiaré eso!”.

“En cualquier caso, en nuestro mundo de humanidades, a lo que se ha llegado en esa confluencia es a separar muy claramente el espacio y el lugar. Digamos que la geografía tradicional positivista trata el espacio como un concepto euclidiano, una cuestión mensurable, donde los seres humanos son meros agentes que tienen trayectorias, direcciones. A partir de los años 70-80 hay un movimiento que empieza darle más importancia a lo que se llama el sentido del ‘lugar’, y esta palabra es importante, frente al ‘espacio’. Eso ha pasado a lo que luego se ha llamado las Humanidades Espaciales, pero en realidad son los geógrafos los primeros que han visto todo eso, ahí tienen una serie de marbetes que pueden encontrar de disciplinas que se ocupan de esto. Yo fundamentalmente me identifico con Humanidades Espaciales y Humanidades Digitales. Los ejemplos de todas estas escuelas son muy variados, las agendas divergen en muchísimos casos. A mi personalmente no me interesa mucho la línea filosófica ensayística, me interesa la línea histórica que se sitúa en la confluencia entre tres vértices: materialidad, historia y poder. El resto, para mí, es literatura. Este es un libro que yo considero fundamental: El campo y la ciudad, que es un análisis de esa dualidad en la literatura inglesa. No tenemos todavía un Raymond Williams español, en el ámbito mundial hay un autor muy influido por él que es Franco Moretti, y aquí voy a la cuestión de los mapas. Él ha utilizado, por ejemplo, mapas no meramente para decir por dónde fue Buñuel, por dónde fue Unamuno a Las Hurdes. No, no se trata de eso, se trata de construir eurísticos, es decir, dispositivos que nos permitan ver cosas. Tenemos una hipótesis, la cartografiamos y eso, si está bien construido, nos permitirá ver cosas nuevas”.

“Por ejemplo, este es un mapa (ilustración 1) que Moretti hace de un género muy concreto, que se llaman los step poeme, que son poemas que describen las propiedades de un señor, es muy curioso que el noventa por ciento de esos poemas dejan fuera la periferia céltica, en el caso de Gran Bretaña, lo cual nos lleva a la cuestión de la propiedad de la tierra. Este es otro mapa, por ejemplo, que se hace a partir de unos volúmenes de una señorita -se llamaba Mary Mitford–entre el 24 y el 32 publica una serie de cuentos de pueblos que se llaman así Our Villages/Nuestro pueblo, que es muy curioso que en la evolución de esos textos, el patrón narrativo de los primeros cuentos es circular, está mucho más ligado a ese contacto con la tierra, con la mentalidad en términos franceses históricos. Mientras que en el momento que se empiezan a cerrar esos campos, a eliminar las propiedades comunales –creo que ustedes saben de qué estoy hablando- en ese momento el progreso es el que entra y sólo importan las carreteras y los pueblos se convierten en un sitio por el que se pasa para ir a. Y creo que esto lo conocemos todos”.

“Entonces esto me lleva a la cuestión de los mapas como, repito, poner en el mapa –se decía esta mañana-; pero poner en el mapa no es algo mecánico, poner en el mapa es hacer hipótesis y sacar las conclusiones. Aquí es, por ejemplo, donde para mí los ordenadores, concretamente, los sistemas de información geográfica, los gis, los mismos que utilizamos en los móviles son realmente fundamentales para nosotros”.

“Hay que tener en cuenta, además, que el desarrollo de la importancia del lugar, por ejemplo, en los estudios geográficos, en los estudios literarios, está ligado a dos factores muy importantes que son el mismo: a las presiones brutales de los estados nacionales modernizadores y hoy en día a las fuerzas de la globalización. Pero los dos confluyen en lo mismo, que es la domesticación de lo local, creo que Antonio Franco ha entrado por ahí perfectamente cuando ha hablado de regionalismo sano y ha mencionado a López Prudencio. Bueno, eso es una agencia ideológica muy clara y, fundamentalmente, no sólo la domesticación de lo local sino la domesticación de lo rural. Y eso viene de lo que se llama ciudades-mundo. En España no tenemos porque España es una provincia. Piensen en Londres, piensen en Nueva York, pero Madrid y Barcelona, en su nivel muy provinciano –que lo es- intentan exactamente hacer eso y, de hecho, lo que hacen es domesticar imaginarios, englobarlos a través de toda una serie de instituciones que valen para eso”.

“El caso de las urbanidades digitales es un tema muy complejo, pero a mi me interesan varios puntos centrales. Primero, los que nos ocupamos de ciencias humanas, sea literatura, cine, me da igual, la clave es la complejidad de las acciones humanas. Aquí la clave es qué relaciones hay entre lo material y lo simbólico, entre lo objetivo y lo subjetivo, entre la estructura y el evento o el proceso. Y eso es muy difícil verlo y para eso hacen falta cartografías complejas, no meramente cartografías estatales hechas por topógrafos y ahí es donde creo entramos nosotros. Los norteamericanos hablan de contingencia profunda, yo utilizaría el término de un antropólogo, de Clifford Geertz’s, que es ‘descripción densa’”.

“Segunda cuestión, la cartografía profunda –luego le pondré algunos ejemplos para que vean qué se está haciendo en otras partes del mundo- es hacer mapas en los que, primero, los productores no sean solamente los cartógrafos sino las personas. Esto es algo muy visible, por ejemplo, en todas las tecnologías como Google Hertz, las apis, esto lleva unos procesos de democratización que evidentemente general problemas en esos procesos de conformación”.

“Tercera cuestión ligada con la anterior, la interactividad. Piensen en las posibles potencialidades de esto, la ramificación, por ejemplo, de la que se habla ahora. Y, por último, la web semántica, la posibilidad de compartir datos entre todos con estándares muy parecidos –sea xml o cualquier otro-, esto para mi es una cosa fundamental porque democratiza, antes para utilizar sistemas de información geográfica hacían falta unos software, que todavía hacen falta, muy complicados, muy costosos y muy difíciles de manejar. Bien, esto es algo que está cambiando. Y eso empodera, como se dice ahora, a las poblaciones, los grupos; no sólo a los estados, no sólo a las instituciones que velan por las imágenes de marca, sino también a las comunidades, a las colectividades autogestionadas”.

“Vamos a ver algunos ejemplos. Este es un ejemplo muy simple. Esto es utilizando Google Maps una cartografización de una novela de Sebald, un autor alemán, que se llama Los anillos de Saturno, en este caso la versión inglesa. Evidentemente, es mucho más complejo, aquí no hay interactividad, no podemos interactuar, pero esto es muy simple, a la derecha hay citas de la novela y vamos viendo –no es exactamente una novela- la complejidad geográfica, espacial y local de todo ese entramado”.

“Vamos a ver otro caso muy muy interesante que puede ponerse en comparación con Las Hurdes. No sé si conocen ustedes el distrito de Los Lagos, en el noroeste de Inglaterra, es el distrito literario por antonomasia de Gran Bretaña. Allí es donde surge la posición romántica frente a la revolución industrial. Esto es un gis literario, un sistema de información geográfica en el que se comparan fundamentalmente dos textos: un viaje de Tomas Grey, que es un autor muy centrado en las cuestiones de lo pintoresco, y un viaje de Goosword, y se mapean con una serie de técnicas que son complicadas. Por ejemplo, se distingue entre lugares visitados y mencionados, es el propio investigador el que construye –como dicen los cartógrafos digitales- la ontología, los atributos, las rejillas, a partir de ahí construimos, es decir, sigue siendo un trabajo de tipo hermenéutico, sigue siendo un trabajo de interpretación. Sencillamente utilizamos otras herramientas y creo que ese es el cometido de las ciencias humanas, no convertirse en los palmeros del poder y de ciertas imágenes sino desentrañar la configuración de imaginarios, nos gusten o no. Eso, por ejemplo, es el uso de una técnica que es cuántas veces se menciona un sitio o por donde se fue. Eso se hace con lo que se llama ‘densificación suave’”.

“Veamos qué camino hizo Unamuno y qué camino hizo Buñuel. Qué camino hizo Unamuno y por qué, en 1913. Qué camino hizo Buñuel y por qué. Y creemos ontologías en las que luego salgan estos mapas. Estos, por ejemplo, ya son interactivos, aunque yo los tengo captados, pero todavía no son multimediales”.

“Este es un mapa muy interesante porque es un mapa de emociones, valorando los adjetivos de ciertas zonas. El término clave es pastoral, bucólico diríamos nosotros, aunque no tiene mucho sentido ya hablar de bucolismo”.

“Otro proyecto importantísimo es el de Bárbara Piatti –es una mujer del norte ¡lo siento!- es una cartógrafa y especialista en literatura suiza, y en Zurich ellos tienen este proyecto y lo que hacen es mapear la geografía de la ficción. Este (se refiere a la imagen) es el Guillermo Tell de Schiller y es fundamentalmente, como dice ella, la espacialización de la trama en esa obra y entonces allí pueden encontrar escenarios. Claro, esto tiene que ver con la zona del lago de Lucerna y el Paso de San Gotardo. Pásenlo ustedes a Las Hurdes, pero no lo puedo hacer porque no se está haciendo”.

“Otras posibilidades, por ejemplo. Incorporar cartografía histórica. Este es un mapa famosísimo de Praga, de 1806. Como ven ahí, están mapeando una obra de un escritor checo de lengua alemana, que se llama El fantasma de la ciudad judía, Praga evidentemente. Esto, como ve, se está haciendo mucho con ciudades, pero se puede hacer con territorios rurales. Visto que Fernando Rodríguez de la Flor ha mencionado a Thoreau, que es el padre crítico de la llamada ecocrítica norteamericana. Aquí tienen, por ejemplo, como Sara Luria, en 2011, que ha añadido al mapa de Thoreau capturas de sus diarios, fotos de plantas –no sé si han leído algo de Thoreau, pero realmente es un personaje fascinante que realmente es capaz de incorporar todo, desde las estructuras materiales históricas de la zona hasta la pequeña florecilla, es decir, esto es cartografía profunda- . Desgraciadamente Luria no utiliza el sistema de la información geográfica, si no podría complejizar muchísimo su discurso. Piensen en algo de este tipo con autores que hayan ido a Las Hurdes, por ejemplo”.

“Esto que estoy diciendo sobre la cuestión de la intertextualidad espacial, que es un concepto que nos lleva de lleno a los complejos mecanismos de lo que es la formación simbólica de todo territorio, a cualquier escala, a mi me interesan más las escalas experienciales, locales, pero se puede hacer a cualquier escala. Un proceso que en el caso de Las Hurdes es de una densidad y de una riqueza, como yo creo muy pocas tierras, regiones, áreas, tienen en el mundo. Entonces, aprovechar esos datos, esas sugerencias de todo lo que los especialistas lo hacen para meter estos datos en cartografías digitales que nos permitirán, no solamente visualizar, es plasmar datos que se van a convertir en conocimiento. Información que si se corta bien nos permitirá saber nuevas cosas. Otro problema es como transferimos eso a la sociedad, y si no voy errado es una de las bases de estas jornadas y repito, no siempre los puntos de vista son coincidentes, no siempre son conciliables, no siempre hay que decir sí”.

“A modo de conclusión, voy a reflexionar en voz alta. Piensen en una plasmación geoespacial, por ejemplo, como he dicho del viaje de Unamuno y de todas sus consideraciones sobre Las Hurdes, y de Buñuel y de Tierra sin pan, una cartografía profunda de estos dos autores. Yo creo que esto nos daría una idea de, para mí, lo acrítico, lo irreflexivo que es considerar Unamuno un benévolo personaje respecto al territorio hurdano, mientras Buñuel sigue despertando una pena que, para mí, es desproporcionada, dentro de que a mí el documental no me gusta nada, me parece bastante malo y, desde luego, comparado con Flagherty, me da la risa. En cualquier caso, no se trata de decir si Unamuno es bueno o es malo, o si Buñuel…Los lugares de la geografía imaginaria no se topografían con la inquina o con el encomio, se topografían con la ciencia, con la objetividad, que en las humanidades es compleja y, por eso, he mencionado la contingencia profunda”.

“Se cartografía –como ha dicho muy bien Antonio Franco- hablando de qué significa, quién es López Prudencio-. En el caso de Unamuno y Buñuel, por ejemplo, es más importante recorrer la declinación histórica de tropos culturales como barbarie y civilización, por ejemplo, en muchas partes. La absoluta y obvia visible huella de Leopardi en Unamuno. Unamuno está dándole la vuelta a Leopardi, mezclándolo con sus intereses en el agrarismo castellano. Entonces, eso no se puede dejar de ver. Los textos no siempre dicen lo que parece que dicen. Y la tradición bíblica, la filosofía del paisaje, en fin, hay señores que saben más que yo de esto”.

“Y para que vean que los caminos de la representación son muy, muy sinuosos, como los de Las Hurdes. Les voy a leer unos versos sobre esta tierra:

Lector, si a Las Hurdes vienes con algunas ilusiones

La realidad más triste te hará sufrir desazones

Y sufrirás a causa de las humanas miserias

Padecerás por el hambre y algunas cosas más serias

Por lo mucho que te quiero haz al pronto el equipaje

Márchate con viento fresco y que Dios te de buen viaje.

Un versificador no muy dotado, sin duda. Un hurdanófobo, muy al contrario. Estos versos de los años 30 son de Maximino Cano, maestro que fue de La Huerta entre 1930 y 1933. Debo esos datos a ese libro que tienen ahí: Freinet en Las Hurdes durante la II República. Cano fue un convencidísimo sostenedor de las teorías pedagógicas de Célestin Freinet; por ejemplo, utilizar imprentas con los niños y, de hecho, conservamos gran cantidad de material de lo que se hizo en aquella época. Junto a otro profesor, José Vargas Gómez, que fue maestro de La Factoría de Los Ángeles, ¡casualidades de la vida!, hizo mucho bien por esta comunidad con sus alumnos y alumnas, los dos. A cambio, la historia les regaló dos expedientes de depuración, digamos, con salidas desiguales, pero con igual mezquindad, igual sinrazón. Yo espero que la reflexión sobre la configuración de los imaginarios simbólicos territoriales, culturales, que jornadas como esta contribuyan a que en el futuro, aunque sea en una mínima parte, eso no vuelva a pasar con los maestros, que están trabajando –ellos, sí, no nosotros- a pie de obra. Ellos sí en la escala experiencial por el bien de esta tierra que ya, sin duda, no es sin pan, pero, sin duda también, yo creo que es sin par”.

 

[1] Catedrático de Literatura Española y Latinoamericana de la Universidad de Salamanca. Entre sus numerosas publicaciones, una que nos resulta muy cercana De Las Hurdes a las Batuecas: fragmentos para una historia mística de Extremadura.

[2] Director del Instituto de las Identidades de la Diputación de Salamanca, un experto en cuestiones relacionadas con la tradición y sus significados.

[3] Profesor de Teoría de la literatura y Literatura comparada. Universidad de Extremadura. Especialista en la relación entre los imaginario y lo material.