José Luis Sánchez, profesor de Las Hurdes

José Luis Sánchez Martín es profesor, maestro de su propia tierra y en estos momentos director del colegio Luis Chamizo de Pinofranqueado. Enseña y estudia, explica e investiga. Y escribe. Escribe mucho: una historia de Las Hurdes desde el Paleolítico hasta el final del reinado de Juan Carlos I, una recopilación de topónimos de la comarca y zonas limítrofes, con las denominaciones de ríos, montañas, poblados, lugares, etcétera y más de mil folios; investigaciones sobre restos arqueológicos como los petroglifos de la Pimpollosa, también poemas, narraciones…

– ¡Cuánto tiempo, cuánto trabajo!

Sonríe.

– Mucho tiempo, sí. Descubriendo, valorando, ordenando…

Recorremos su archivo.

– La historia de Las Hurdes sigue los periodos históricos paso a paso. Cada periodo se introduce con un resumen previo que ofrece un contexto a lo que luego se cuenta sobre la comarca. Los últimos capítulos van por reinados…

– ¿Y está ahí, en tu ordenador, sin publicar?

– Para publicarlo ponen pegas. Y hacerlo yo solo…

– Sí se han publicado tus investigaciones sobre petroglifos.

– Los de la Pimpollosa. Llegué a ellos porque me lo comentaron unos trabajadores y así empecé a investigar. Están datados en la edad del bronce, a finales. Pero hay unas líneas de escritura que yo pienso que son anteriores, aunque otros estudiosos los sitúan después. La revista Alcántara y en la de Estudios extremeños publicaron mis trabajos, antes de que abundaran en ellos la Universidad de Oviedo o La Rioja.

– ¿Qué te llamó más la atención?

– Muchas cosas. Por ejemplo, la presencia de simbología celta, como los motivos solares. O luego unos cuatrados que parecen representar el territorio, como si fueran un plano de los arroyos de la zona. También hay herraduras, cazoletas…

– Luego vienen los topónimos.

– He recogido los de la comarca y zonas más próximas, porque muchos son de uso común. He recogido lo que se encontraban en mapas antiguos, en los del ejército, en el catastro, en libros. Pero he buscado, sobre todo, los que utilizaban los hurdanos. Y los he organizado a modo de diccionario, aunque con entradas diferentes para un mismo concepto para adaptarnos a nuestra manera de hablar.

Pone ejemplos: en su relación incluye Rocasa, Arrorrocasa y Arroyo de las casas, que aluden a una misma realidad, de la misma manera que Robatuequilla, Arrobatuequilla o arroyo de Batuequilla.

– También he tratado de buscar el origen de las palabras. Por ejemplo, de El Gasco. Su denominación puede tener su origen en la presencia en la zona de un contingente de tropas procedente de la Gascuña…

– Todo esto debe, como mínimo, conservarse… Está el Centro de Documentación.

– No he propuesto nada. Lo tengo todo recogido, para un día dejarlo ahí.

– Y luego poesía, narrativa…

– Aquí en el invierno hay mucho tiempo… También recogí palabras, una especie de diccionario. Palabras que hemos usado de pequeños y que van desapareciendo. Y otras de origen castellano, pero a las que cambiamos la pronunciación…

– Esa es otra cuestión…

– Y discutida, porque los sonidos nuestros no tienen una traducción fonética exacta. Ni siquiera los elementos técnicos de que ahora disponemos consiguen detectarnos con certezas. En nuestro caso se suele decir que aspiramos las eses. Y no es exacto. Nosotros no decimos loh–castaños, sino loc-castaños.

Lo explica y convence.

– Luego está la existencia de palabras que se utilizan en zonas alejadas y aquí, en Piornal y en Nuñomoral. “Tarma”, por ejemplo. Y otras que creeemos que son hurdanas y no lo son. Y algunas que no se reconocen en España, pero sí en Puerto Rico o Argentina, con el mismo o distinto significado. “Avicáncano”, por ejemplo.

Cómo enseñar el pasado a los jóvenes

Desde las palabras y su pasado transitamos hacia la realidad y el presente.

– ¿Y todo esto le interesa a los chavales que acuden a la escuela?

– Yo trato siempre de introducir estos elementos en la clase, pero las generaciones más jóvenes no conocen esas palabras ni el nombre de muchos animales de nuestra fauna. Tampoco dan crédito a cómo fue la vida de los mayores. Cuando les digo que yo leía y escribía a la luz de un candil, les parece que estoy de guasa. Y sin saber de dónde venimos y dónde estamos…

– Pero por ahí pasa el reconocimiento de extraordinario valor cultural de esta comarca… No se puede desconocer su importancia cultural.

– También hice un trabajino sobre la leyenda negra, desde Lope de Vega y el padre Nüremberg. Se publicó en la revista última de Las Hurdes. Y ponía de manifiesto que La Hurdes es una metáfora. Que La Cabrera, por ejemplo, reproduce circunstancias, tradiciones y valores muy parecidos.

– Hay que reivindicar ese valor de metáfora. Por razones culturales e incluso económicas…

– Se ha perdido el valor de lo tradicional. Y hay cosas que ya no se pueden recuperar. Antes en los pueblos había gentes sin estudios que eran auténticos filósofos. Hablaban y te quedabas con la boca abierta. Aquí mismo estaban el tío Eusebio, el tío Melecio…

– ¿Cómo luchar contra esa tendencia?

– Se lo cuento a los muchachos, pero están desconectados. Nosotros nos reuníamos en torno a la familia, con los vecinos, en una u otra casa, con motivo de las castañas, cuando se ensartaban los habichuelos o la matanza. Y allí se escuchaban historias y aprendíamos y sabíamos de todo eso. Pero se ha perdido.

– ¿Por qué?

– Llegó la televisión y ahí cambió todo. Ahora no hay necesidad de contar, de juntarse, de escuchar. Están las maquinitas, el teléfono. Antes, en las invernadas no teníamos otra cosa que hacer, otro lugar a donde ir. Alrededor de la lumbres nos contaban historias, nos leían los poemas de Gabriel y Galán (en todas las casas había un libro de Gabriel y Galán). Entonces había oportunidad.

– Pese a este lastre, ¿cómo es la formación de los chavales en la actualidad?

– Los muchachos están más formados, pero no aprovecchan los medios de que disponen. Ni se aprovechan ni se valoran.

– Los padres miran a los matestros. Los maestros, a los padres…

– A los padres y a los medios de comunicación que trasladan pautas y aspiraciones ajenas a los auténticos valores y al esfuerzo…

Seguimos hablando y aprendiendo de un profesor de Las Hurdes. Porque en ellas nació. Porque sobre ellas investiga. Porque a sus vecinos enseña.