Tres fechas

 

1192

Por primera vez en la historia, el nombre de varias alquerías hurdanas aparece en un documento. Se trata de un texto legal, la donación de unas tierras que el rey castellano Alfonso IX le otorga al arzobispo de Santiago de Compostela. Entre los siglos XI y XII, los ejércitos leoneses habían erigido una red de fortificaciones con el fin de defender y vigilar la vertiente sur del Sistema Central, desde el norte de la actual provincia de Cáceres hasta la misma frontera portuguesa.

Aquella franja, que dividía los dominios musulmanes de los cristianos, se llamó la Transierra. A la sombra de aquellas torres, con el fin de abastecer a la tropa, se formaron majadas de pastores que, con el tiempo, crecieron hasta dar lugar a los primeros pueblos hurdanos.

1289

La villa de Granada (a partir de 1492, de Granadilla) dona las dehesas de Batuecas y Jurde, hasta entonces bajo su jurisdicción, al vecino concejo de La Alberca. Mientras la primera sometió a Las Hurdes Bajas a un régimen de explotación no demasiado estricto, la segunda transformó Las Hurdes Altas en una de las zonas más deprimidas y pobres de Europa. A partir de 1450, ambas villas pasaron a poder de la Casa de Valdecorneja (más tarde, de Alba). Los nuevos señores arbitraron numerosos litigios entre hurdanos y albercanos, pero no hicieron nada por aliviar la carga de los demandantes.

1599

La Orden del Carmen Descalzo se instala en el valle de Las Batuecas y, esta vez sí con el patrocinio del duque de Alba, edifica el Desierto de san José del Monte, el convento y recinto eremítico desde el que los frailes intervendrán en la vida de los hurdanos. Desde antes de su llegada,

Las Hurdes y Las Batuecas ya eran percibidas como un solo cuerpo, pero su misión contribuyó a cohesionar dos territorios que, durante todo el Antiguo Régimen, seguirían siendo entendidos como uno solo.