Se trata de un peculiar campanario, porque no está asociado a una iglesia; de hecho, el campanario, que servía para llamar a los vecinos a reunión, pertenece al pueblo, mientras que la iglesia depende del obispado.

Es una construcción que respeta fielmente la arquitectura tradicional de la zona. Levantado con pizarra y adobe consta de nueve peldaños  y dos campanas, una pequeña y otra grande a la que le falta del badajo. Según los habitantes del pueblo y alrededores, su sonido era tan fuerte que oírse su repique podía en un radio de siete kilometros.

En Casares de Hurdes se pueden apreciar otros rincones también representativos de la arquitectura de la comarca.