Este tipo de construcciones, pensadas para el mejor aprovechamiento de la tierra, tienen en Las Hurdes un interés arquitectónico y también etnológico. Son el signo más evidente del esfuerzo del hombre hurdano para domesticar la naturaleza de una manera armónica y sugerente.

Estas construcciones permiten deducir las tremendas dificultades del cultivo de la tierra y de la recolección de los frutos en esta comarca. A través de ellas se entiende la frase de Miguel de Unamuno: “La tierra cultivada de Las Hurdes es la hija de dolores, de sudores, de afanes, de angustia sin cuento y, si en todas partes del mundo los hombres son hijos de la tierra, en Las Hurdes la Tierra es hija de los hombres”.

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