Uno de los elementos que mejor identifican a la cultura de Las Hurdes y a sus habitantes es su arquitectura popular. La fuerza de ese tipo de construcción de piedra y pizarra seca, sin argamasa, que se asienta muchas veces sobre la roca, es signo de la fuerza de sus habitantes, de su voluntad de resistencia frente a la adversidad del clima y la naturaleza, del afán por la supervivencia, con formas armónicas y bellas.

Aunque en los municipios más poblados se ha perdido la mayor parte de esa arquitectura popular, aún sea pueden encontrar excelentes testimonios en alquerías como El Gasco, Aceitunilla, La Horcajada, El Moral, Asegur, Riomalo de Arriba, Avellanar, Ovejuela, Fragosa, Martilandrán o en la población de Casares de Las Hurdes.

La vivienda tradicional, de planta redonda o cuadrada, con tejados de pizarra, ofrece una respuesta bioclimática a las condiciones de vida en la comarca y en armonía perfecta con el paisaje.

Otras construcciones dignas de interés son las majadas, los corrales, los paredores, las eras de trilla, los chiqueros o cortijos, las terrazas o bancales, los cortijos… que también reflejan el ingenio y el esfuerzo para reorganizar la propia naturaleza.

Mención aparte merecen los puentes, como el de los Machos –a pocos metros de las ruinas del monasterio de Los Ángeles, en Ovejuela– o el de Cambrón e incluso el de Pinofranqueado.